Un dispositivo que permite la conexión entre abuelos y nietos

Hoy entró la primera tablet en mi casa (si exceptuamos un iPad que tuve durante unos meses, cedido por un cliente, y que usaba para probar el uso en móvil de ciertas aplicaciones).

No es mía, que soy el tecnólogo de la casa. Se la ha regalado mi padre (de aquí en adelante, el abuelo) a mi hijo (el nieto).

Parece ser que el tablet es la tecnología que une dos generaciones. Para el nieto es el aparato natural. Por culpa de aquel iPad que decía, desde los tres años me pone la tele perdida de grasa intentando cambiar de canal pasando el dedo por la pantalla. Para el abuelo, es mucho más fácil de usar que un “chisme” de sobremesa, con sus ventanas, sus ratones, su botón inicio y su escritorio siempre lleno de cosas – esta generación nunca llegó a entender el concepto de “Mis Documentos”.

Para el padre, yo, la tableta es un chisme molón y poco más. Más cool que funcional (sobre si tiene una manzana por detrás), se añade a la lista de cosas que debo coger de casa junto al móvil y el portatil y no sustituye a ninguna de ellas. Las manejo y me gustan, pero no me dan mucho adicional. Si acaso ganan en peso y tiempo de puesta en marcha frente a mi querido netbook. Sin embargo para ellos es el aparato perfecto.

Comentario del nieto: “Papá, ahora si que voy a poder hacer los deberes por Internet, con el ordenador era muy difícil”.

Comentario del abuelo: “Ponme el android en el ordenador que quiero poder usar los programas que tengo en la tableta”. Y lo hice, mirad en http://androvm.org.

Da gusto verlos jugar juntos.

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