¿Qué hago si quiero compartir mi trabajo?

Todos hemos oido hablar sobre los derechos de autor, especialmente sobre el derecho de copia (comunmente nombrado por su término en inglés, copyright). Los derechos sobre los trabajos de un autor tienen impacto en el desarrollo en comunidad; esto es también correcto en la otra dirección, el trabajo en comunidad afecta a los derechos de autor.

Antes de entrar en este debate es interesante conocer algo más sobre los derechos de autor. Voy a tratar de dar aquí algunas ideas y referencias donde encontrar más información.

¿Qué son los derechos de autor?

Son derechos que el autor de un trabajo tiene por el hecho de haberlo creado.

Para ser susceptible de ser protegido por los derechos de autor un trabajo tiene que cumplir varias condiciones. Quizás la más relevante es que debe estar plasmado en un medio físico. Por ejemplo, libros, discos, grabaciones de música y coreografías (siempre que esten plasmadas en una partitura o en un guión), películas, software, mapas, fotografías, pinturas, etc… son obras susceptibles de ser protegidas. Datos, ideas, procesos, frases habladas que no hayan sido registradas fisicamente no lo son.
En realidad, es este registro en un medio físico lo que hace una obra susceptible de protección por los derechos de autor.

A modo de ejemplo: una emisora de radio debe someterse a los derechos de autor para reproducir un texto de un libro. Sin embargo, si el mismo autor es entrevistado y de forma improvisada contesta a una pregunta hecha por el periodista, el texto de esa respuesta no esta protegido por derechos de autor (aunque quizás si la entrevista grabada).

¿Desde cuándo existen los derechos de autor? Bueno, el concepto es muy antiguo. La primera ley de copyright data de 1709 en el Reino Unido.
Pero, en el mundo actual, para que tengan verdadero sentido las leyes de protección de los derechos de autor deben ser multinacionales, o al menos razonablemente consistentes de país a país. Escribir un libro y publicarlo en un país donde los derechos de autor se protegen no es de mucha utilidad si en el país vecino cualquiera puede copiar y distribuir mi obra y cualquier ciudadano de mi país puede ir allí a comprarla (por mucho menos dinero, probablemente).

En realidad, esto es aproximadamente así desde hace años. Casi todas las normas de protección de los derechos de autor, al menos de los países de nuestro entorno, están basadas en la Convención de Berna de 1886. Hasta entonces sólo había acuerdos bilaterales de protección entre países.

En 2002 entraron en vigencia los tratados de la OMPI sobre Derecho de Autor (WCT) y sobre Interpretación, Ejecución y Fonogramas, conocidos como “Tratados de Internet”. Estos tratados actualizan y complementan la Convención de Berna, incluyendo elementos relacionados con las nuevas tecnologías.

Es cierto que normativas locales tienen variaciones. Algunas son muy sutiles. Por ejemplo, desde 1989 en Estados Unidos no es necesario incluir ningún texto (“all rights reserved” o © o “prohibida la reproducción total o parcial”) para garantizar los derechos de autor. Por el hecho de estar publicadas, cualquier obra está protegida a menos que se indique otra cosa. Pero en otros sitios todavía sí es necesario incluir estas notas de protección, con lo que es bastante habitual encontrarlas. Otras diferencias son mucho más drásticas. El tipo de obras protegidas o el plazo que dura la protección varían con cada legislación.

No todos los creadores tienen derechos sobre sus obras. Si la obra se hizo por petición de alguien, que pagó por su creación a otra persona, y se desarrolló de forma colectiva, puede ser que el solicitante sea quien retiene los derechos o incluso la propia autoría. El caso más típico es el de los programadores que desarrollan partes de un software estando a nómina de una empresa. Es la empresa que lo edita y distribuye quien tiene los derechos de autor.

Los derechos de autor están unidos a la autoría (parece obvio pero no siempre fue así). Ninguno de los siguientes supuestos otorga derechos de autor:

  • La propiedad: por el hecho de ser propietario de un libro no tengo derechos de autor. Bueno, es evidente, hay miles de personas que tienen el mismo libro y no todos vamos a tener derechos de autor, ¿verdad?. Lo interesante es que sucede lo mismo si tengo un Picasso en mi salón. Es único, sólo lo tengo yo, pero no tengo los derechos de autor.
  • Actualmente la publicación y distribución (en el sentido de poner disponible para el público en general, por ejemplo cuando se imprime y vende un libro) no es un requisito para estar protegido por los derechos de autor. Trabajos no publicados lo estan igualmente.

Como he dicho antes, los derechos de copia y reproducción no son los únicos que puede reservar un autor. En algunas obras son muy importantes el derecho de integridad (que la obra se conserve completa y no pueda ser dividida en partes) y el derecho de atribución (que cuando la obra se reproduzca se reconozca la autoría original).

¿Puedo renunciar a los derechos de autor?

Tanto tiempo hablando de los derechos de autor cuando lo más novedoso es precisamente no utilizarlos. La pregunta que se han hecho los autores es: ¿puedo no ejercer los derechos de autor?
Sí. Como tales derechos, no son obligatorios. Como autor de una obra puedes perfectamente renunciar a esos derechos. Es más, como autor puedes estar profundamente interesado en renunciar a tus derechos en favor de otros.

¿Qué motivos podría tener un autor para renunciar a los derechos de su obra? Cada uno es dueño de sus intenciones (como de sus obras) pero es fácil pensar en algunos:

  • que considere que su obra es de utilidad pública y, por motivos altruistas, decida no hacer uso de sus derechos para que todo el mundo tenga acceso a la misma
  • que quiera que otros la prueben, evaluen e incluso mejoren, y por lo tanto decida permitir su libre distribucion
  • que quiera darse a conocer. Simplemente. La distribución a través de internet permite llegar a mucha gente de forma gratuita. Muchos nuevos grupos musicales estan dejando sus obras libres de derechos en Internet sólo para darse a conocer.

Así que, como veis, motivos no faltan. La decisión es tuya, autor. Pasamos a la siguiente pregunta…

¿Quieres compartir tu obra?

Para aquellos que hayáis contestado “sí”, esperad… ¿de verdad queréis compartir vuestra obra? ¿para todo el mundo? ¿sin ningún límite? ¿de verdad estáis seguros? Veamos las implicaciones de esta afirmación…

Compartir tu obra sin ningún límite de uso quiere decir que:

  • Alguien podría registrarla a su nombre y obtener un beneficio económico (o hacerse famoso)
  • Alguien podría modificarla en partes que a ti no te apetece y redistribuirla (por ejemplo, cambiando el final de tu novela; esto no sería grave si el público lo reconociera como dos novelas diferentes, pero puede ser que no y pases a ser autor de una novela que nunca escribiste y que probablemente no te gusta)
  • Alguien podría sacar partido de tu obra para un uso ilegal

De nuevo, ¿quieres compartir tu obra para todo el mundo y para todo? Probablemente tras estas reflexiones muchos de vosotros hayáis pasado del “sí” radical a un “sí, pero”.
La pregunta ahora pasa a ser: ¿quieres compartir tu trabajo, prescindiendo de parte de los derechos de autor, pero aún así asegurar que el uso que se hace de tu obra es el que tú quieres?

Muchas organizaciones estan dedicadas a responder a esta pregunta. En lugar de usar los derechos de autor para reservar y proteger todo, usan estas leyes para voluntariamente liberar algunos derechos (la copia, la transmisión, la reproducción, la modificación, el uso…). Este tipo de licencias se han englobado bajo el término “copyleft” (un juego de palabras con el original “copyright”, indicando que se ha renunciado a algunos derechos del copyright).

Algunas de las licencias más conocidas al respecto son la GPL (General Public License) del proyecto GNU (específica para software, usada por ejemplo por Linux), la GFDL (General Free Documentation Project, específica para para documentación) y las licencias Creative Commons (que tienen un uso menos específico y a las cuales vamos a dedicar un poco más de tiempo).

Las licencias Creative Commons

Creative Commons es una organización sin ánimo de lucro fundada por Lawrence Lessing en 2001, cuyo objeto es desarrollar licencias que puedan ser usadas por autores que deseen compartir su obra garantizando un uso adecuado de la misma (adecuado aquí es sinónimo de “lo que el autor desea”) protegidos por las leyes de derechos de autor.

Finalmente, una licencia Creative Commons es un texto que cada autor puede adjuntar a su obra, así como un logotipo gráfico que también puede aparecer. Y para llegar a este texto que proteja su obra el autor debe elegir si quiere que se pueda hacer un uso comercial de su obra o no, si permite hacer modificaciones a su obra, si en caso de realizarse estas modificaciones es obligatorio mantener la licencia definida en el original (lo que evita, por ejemplo, que alguien cambie una línea de mi libro y obtenga un beneficio económico de otros, cuando justamente eso era lo que yo quería evitar) y en qué país desea publicar su obra.
Este último detalle es muy interesante. Creative Commons no sólo se ocupa de la traducción de la licencia a otros idiomas sino también de garantizar la compatibilidad del texto con la legislación vigente de esos países.

¡Importante! Una licencia Creative Commons no puede ser revocada. Es decir, no puedes decidir hoy ceder libremente una obra y mañana cambiar de idea y pretender cobrar a los que la usaron (lo que no sería muy justo), pero tampoco a los que la usen de ahí en adelante. Tienes que pensarlo bien.

¿Y si no se cumple?

El hecho de que haya leyes de protección de los autores no garantiza que no se violen, lo mismo que el hecho de que haya leyes para condenar el robo no garantiza que tu coche no desaparezca una noche. Lo que obtienes a cambio es el derecho de ir a los tribunales (normalmente, civiles) para pedir protección y, probablemente, algún tipo de compensación, si los derechos de autor que decidiste conservar fueron violados.

Un ejemplo: Lan Bui, un fotografo de bodas y blogger, decidió ceder parte de sus fotografías bajo una licencia Creative Commons con la condición de no hacer un uso comercial de las imágenes. Un día se encontró con una de sus fotos en un cartel publicitario (no voy a entrar aquí a valorar la probabilidad de que esto me pase con algunas de las fotos de mis vacaciones colgadas en Internet…). Finalmente la empresa que usó la fotografía tuvo que pagar por este uso. Puedes leer la historia completa aquí.

Más información…

Aquí tenéis algunas direcciones web para los que estén interesados en investigar más sobre el tema en internet.

¿Y si no quiero preocuparme de todo eso?

Siempre puedes ceder tu trabajo completamente al dominio público. Dejalo libre (en internet o en el parque más cercano a tu casa) y que todo el mundo lo pueda usar, modificar, distribuir.
Es una postura perfectamente lícita y defendible.

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