“La comunidad open-source no existe”

Es una visión, un poco contracorriente, del movimiento opensource; una opinión que me apetece entender…

Ha caído en mis manos una entrevista a Simon Phipps, ejecutivo de Sun Microsystems. El puesto de trabajo de Simon Phipps es COSO. ¿Recordáis los famosos CEO, COO, CTO, CFO, … C*O? Que significaban “Chief Executive/Operations/Technology/Finance Officer”. Agua pasada. El señor Phipps es el Chief Open-Source Officer. Vamos, que dedica sus ocho horas de trabajo (probablemente muchas más) a definir como son las relaciones de Sun Microsystems con el mundo Open-Source. Y no es cualquier cosa, Sun Microsystems es la mayor entidad del mundo si la medimos por las líneas de código cedidas al mundo abierto.

Para el que quiera saber más, el blog de Simon Phipps está disponible en http://weblogs.java.net/blog/webmink. Las reflexiones que Simon hace sobre las licencias, modos de apertura del software y desarrollo de las comunidades son muy recomendables.

No voy a reproducir aquí la entrevista. Tan sólo voy a hacer referencia a cuatro puntos que considero fundamentales.

Que una empresa del tamaño de Sun Microsystems decida dedicar un equipo completo a definir sus relaciones con el mundo Open-Source ya dice mucho. Su trabajo es hacer consultoría, es decir, ayudar internamente a todos aquellos equipos de desarrollo que quieran mover sus productos al software abierto. Y es que sólo con foco y con inversión se puede ser el primero.
Simon dice: “No existe la así denominada comunidad open-source”. ¿Cómo se atreve, él que vive de ella trabajando para la empresa que más colabora a su desarrollo actualmente?
La respuesta es sencilla: no existe una, existen muchas. Y son transversales en función de la actividad de cada uno. Voy a explicarme con un simil geográfico.
Diríamos que existe la cultura del software abierto como existe la economía de mercado. Pero no existe un país que puedas denominar “republica de la economía de mercado”. Sin embargo, si es cierto que muchos estados aplican la economía de mercado, pero también es cierto que cada uno tiene sus matices y diferencias que pueden llegar a ser importantes.
Con el software abierto pasa algo similar: hay muchas comunidades, cada una tiene sus matices. Pero además la misma persona o empresa puede pertenecer a muchas, en función de sus intereses o actividad. Y cuando participe en cada una tiene que seguir sus reglas. A esto me refiero con la transversalidad a las actividades de una persona.
Otro aspecto clave que el señor Phipps remarca. ¿A qué se deben los diferentes métodos y características de cada comunidad? Lo primero que viene a la mente a los expertos es que se debe al tipo de licencia que usan. Unas son más libres, otras son más restricitivas, otras son más democráticas. Pues no, su opinión es que se deben, sobre todo, al carácter y la forma de pensar de los fundadores de la comunidad.
La afirmación es un respaldo a la capacidad de liderzgo y generación de equipos de todos aquellos que decidieron comenzar una comunidad y triunfaron. Además, significa que no hay un modelo único valido y que, probablemente, aún no se han probado todos los modelos de comunidad posible.
Y, por último, Simon Phipps hace una reflexión sobre cual es el paso más duro cuando un software propietario decide convertirse en abierto. ¿Las herramientas? No. ¿La tecnología? Tampoco. ¿Qué, entonces? El comportamiento de los programadores.
Caramba. Hemos necesitado de herramientas impensables hace 30 años, de 15 años de desarrollo de Internet para crear los blogs, la wikipedia, innocentive y google y ahora resulta que lo más complicado es el comportamiento de las personas. Pues sí.
El razonamiento es incuestionable. Hasta ahora los programadores tomaban sus decisiones de diseño en un despacho o, como mucho, en una máquina de café con dos o tres colegas. Ahora, cada vez que piensan en una decisión, deben avisar en un foro que van a tomarla y cuál es el camino que eligen. Delante (virtualmente) de miles de personas. Arriesgándose a recibir, por lo tanto, miles de comentarios -sugerencias, críticas, dudas- de desconocidos. Es cierto que ahora tenemos la tecnología para hacer eso. Pero aun así, según el señor Phipps, lo más dificil sigue siendo que los programadores den el paso y se arriesguen enseñando sus cartas.
A partir de ahí la rueda comienza a girar. Que el equipo de programación considere esos comentarios un ataque a su trabajo o una sugerencia para mejorar marca la diferencia entre el éxito y el fracaso del modelo de trabajo en comunidad. Que ese equipo decida evaluar e integrar algunos de esos comentarios o incluso abrir la toma de decisiones a toda la comunidad y no reservarsela ellos mismos es la diferencia entre un tipo de comunidades u otros.

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